El camino de Gabriela Morales: Una historia de resistencia y esperanza

"Nunca quise irme de mi país. Mi sueño es vivir allí, pero es mejor estar fuera que presa”.

En medio de la incertidumbre y el desarraigo, Gabriela Morales se ha convertido en un ejemplo de fortaleza y resistencia frente a la represión en Nicaragua. Actualmente, desde Guatemala, esta joven lucha por reconstruir su vida tras haber enfrentado la prisión por temas políticos, la violencia sistemática contra los derechos humanos y, particularmente, contra el acceso a la educación en su país natal.

Morales fue detenida el 19 de agosto de 2023 por manifestarse en contra de la confiscación de la Universidad Centroamericana (UCA) pero fue condenada por tráfico de drogas. Luego de su excarcelación y destierro en Guatemala el 5 de septiembre de 2024, la incertidumbre se extiende, puesto que forma parte de un grupo de 40 excarcelados políticos a los que Estados Unidos les negó el beneficio de Movilidad Segura, para poder ingresar legalmente al país, obtener asilo político y residir. 

Una trayectoria interrumpida

Morales estaba en cuarto año de la carrera de Trabajo Social en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN – Managua) cuando, en 2018, su vida dio un giro drástico. En el contexto de las protestas antigubernamentales de ese año, fue expulsada arbitrariamente de la universidad. 

Sin notificación formal, descubrió que su registro académico había sido eliminado por completo. Intentó acceder al sistema y envió a un familiar a solicitar sus notas, pero no quedaba rastro de historial académico.

"Tenía todas mis notas y diplomas respaldados porque había participado en un concurso para un intercambio académico en Colombia. Aunque no pude ir por mi participación en las protestas, eso demostró que sí era estudiante activa," cuenta Morales. 

Una nueva oportunidad

Su perseverancia la llevó a la Universidad Juan Pablo II, donde retomó sus estudios y experimentó una formación más integral y humanitaria. 

"La formación en la Juan Pablo II no solo era profesional, sino también personal. Aprendí filosofía, teología y otras materias que no había visto en la UNAN," recuerda. 

Sin embargo, la represión también alcanzó a esta institución. En 2023, la universidad cerró sus puertas tras el asedio del gobierno nicaragüense, dejando a Gabriela a solo unas pocas clases de culminar su carrera. El acoso no fue solo institucional; también personal. 

"Una vez, la policía me registró afuera de la universidad. No llevaba nada incriminatorio, pero el asedio era constante," explica. Además, cuando intentó hablar con el nuevo director para pedir ayuda y terminar sus estudios, este la amenazó con llamar a la policía. "Sentí mucho miedo. Salí corriendo porque era evidente que no había intención de ayudarme," relata.

El exilio y el sueño de un futuro mejor

Ahora, desde Guatemala, Gabriela enfrenta un "limbo" legal y emocional. Aunque fue denegada su solicitud para viajar a los Estados Unidos, mantiene viva la esperanza de continuar sus estudios y alcanzar una estabilidad. 

"Quiero seguir estudiando, aprender inglés y terminar mi carrera. Pero es difícil cuando ni siquiera tengo una nacionalidad ni un lugar estable," explica.

A pesar de las adversidades, Gabriela sueña con regresar a una Nicaragua democrática. 

"Nunca quise irme de mi país. Mi sueño es estudiar y vivir allí, pero es mejor estar fuera que presa. Extraño a mi familia y las cosas simples como la comida que tanto nos gusta," confiesa con nostalgia.

La resistencia de una generación

Gabriela también reconoce la lucha de muchos jóvenes nicaragüenses que, como ella, han sido forzados a abandonar sus sueños académicos. "Aunque muchos no lograron culminar sus estudios, siguen utilizando sus conocimientos para salir adelante en otros países. Diseñan logotipos, hacen viñetas y encuentran formas de generar ingresos," destaca.

"A pesar de todo, seguimos utilizando nuestras herramientas. Me gusta redactar, y espero poder desarrollar algún proyecto en el futuro. Aunque nos hayan expulsado o nuestras carreras hayan quedado truncadas, el conocimiento sigue con nosotros," afirma Gabriela.

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