Nahiroby Olivas: reconstruyendo una vida en el exilio y alzando la voz por Nicaragua

"En Nicaragua, todos mis derechos civiles y políticos fueron vulnerados”.

En Virginia, estado de Estados Unidos, Nahiroby Olivas, se prepara para iniciar una nueva etapa en su vida: retomar sus estudios universitarios en un college local. Este paso marca un hito significativo en su camino como exiliado político de Nicaragua, un joven que, a pesar de haberlo perdido todo, ha demostrado una capacidad inquebrantable para reconstruirse y seguir adelante.

Con 24 años, Olivas no solo representa la resiliencia de los jóvenes nicaragüenses que han tenido que salir de su país por la represión, sino que también se erige como una voz crítica y reflexiva sobre la crisis que enfrenta su nación. Su historia, marcada por la persecución política, la cárcel y el exilio, es también una historia de esperanza, fe y reconstrucción.

A pesar de las dificultades, Olivas no ha dejado de soñar ni de trabajar por un futuro mejor. Su compromiso con sus estudios, su fe y su comunidad es un recordatorio de que, incluso en las circunstancias más adversas, es posible encontrar un propósito y seguir adelante.

Un camino lleno de adversidad

La vida de Olivas cambió para siempre en 2018, cuando el régimen de Daniel Ortega respondió con represión brutal a las protestas cívicas que surgieron en Nicaragua. Como miles de jóvenes, Olivas se sumó a las manifestaciones, que inicialmente comenzaron como una respuesta a las reformas del sistema de seguridad social, pero rápidamente se convirtieron en un grito nacional por democracia y libertad.

La respuesta del gobierno sandinista fue inmediata y violenta. Estudiantes, campesinos, activistas y ciudadanos comunes se convirtieron en blanco de detenciones arbitrarias, desapariciones y ataques de las fuerzas policiales y paramilitares. Entre ellos estaba Olivas, quien fue encarcelado por varios meses en condiciones que describe como inhumanas.

“Perdí todos mis derechos. Fui expulsado de mi universidad sin ningún tipo de proceso, encarcelado sin justicia y forzado a dejar mi país. Me quitaron hasta el derecho a vivir en mi propia ciudad. Cuando me fui, ni siquiera pude despedirme de mi tierra”, relata.

Tras su excarcelación, el 11 de junio de 2019 ―a raíz de la aprobación de una “Ley de Amnistía” por parte del régimen Ortega Murillo―, Olivas enfrentó una nueva realidad: permanecer en Nicaragua era una amenaza constante para él y su familia. Por esta razón, en un acto de protección hacia sus seres queridos, se exilió. 

“Llegar a Estados Unidos fue un alivio, pero también el comienzo de un largo proceso de reconstrucción personal y profesional”, cuenta Olivas.

Resiliencia en el exilio

El exilio es un desafío que redefine la vida de quienes lo enfrentan. Para Olivas, llegar a Estados Unidos significó empezar de cero: sin recursos económicos, sin redes de apoyo establecidas y con barreras significativas, como el idioma y la incertidumbre sobre su futuro.

Durante su primer año, intentó retomar sus estudios inscribiéndose en una universidad en línea con sede en México. Sin embargo, este esfuerzo terminó en decepción cuando descubrió que la institución no era legítima. Esta experiencia, aunque dolorosa, no lo detuvo. En cambio, lo motivó a enfocarse en aprender inglés, un paso esencial para integrarse al sistema académico y laboral en su nuevo país.

A través de cursos de inglés con profesores nativos y la práctica diaria en su trabajo, Olivas fue mejorando su dominio del idioma. Este logro fue clave para abrir nuevas oportunidades, incluyendo su reciente inscripción en un college local en Virginia, donde comenzará clases este enero. “Cuando logras comunicarte en inglés, las posibilidades se amplían”, señala.

Hoy, Olivas no solo cuenta con un empleo estable, sino que también ha construido una comunidad en su lugar de residencia, formada por amigos, colegas y miembros de una iglesia anglicana a la que asiste regularmente. Su vida en el exilio, aunque marcada por la nostalgia, es también un testimonio de su capacidad para adaptarse y superar las adversidades.

Reflexiones sobre la crisis en Nicaragua

Mientras Olivas se enfoca en su futuro en Estados Unidos, su mente y su corazón permanecen ligados a Nicaragua. La crisis política y social que lo obligó a salir de su país continúa afectando a miles de nicaragüenses, y él no deja de reflexionar sobre los derechos que le fueron arrebatados y las injusticias que sigue enfrentando su pueblo.

“En Nicaragua, todos mis derechos civiles y políticos fueron vulnerados”, afirma. “Me expulsaron de mi universidad, me negaron el derecho a manifestarme, y me quitaron el derecho al debido proceso”, señala.

Para Olivas, la persecución que enfrentan los jóvenes en Nicaragua no solo es una violación de sus derechos fundamentales, sino también un ataque directo a las oportunidades y sueños de toda una generación. En su caso, el cierre forzado de su carrera en Derecho es una herida que aún duele, pero también una motivación para seguir adelante y demostrar que, incluso en el exilio, es posible alcanzar metas y contribuir al cambio.

Al consultarle si considera que la comunidad internacional ha hecho lo suficiente para apoyar a los exiliados nicaragüenses, aseguró que, desde su experiencia, no ha recibido ningún tipo de apoyo.

 “No. En mi caso, no he recibido ninguna ayuda académica, económica ni jurídica por ser un asilado político. Creo que sería muy positivo que existieran programas específicos para jóvenes nicaragüenses exiliados, que les den un impulso para retomar sus estudios y reconstruir sus vidas”, aseveró.

Olivas considera que tales iniciativas serían fundamentales para aliviar las cargas que enfrentan los jóvenes al llegar al exilio, especialmente en un sistema tan complejo como el de Estados Unidos. Sin embargo, también reconoce la importancia de la autodisciplina y el esfuerzo personal, “valores que me han guiado en mi propio camino”, puntualiza.

Un mensaje de esperanza

La historia de Olivas es un ejemplo poderoso de resiliencia, pero también un recordatorio de las profundas injusticias que enfrentan los jóvenes nicaragüenses. Su mensaje para ellos es claro: “Lo siento mucho por el hecho de que tengan que pasar por esto. No es su culpa. Pero les digo que, aunque el camino sea difícil, no están solos. Con fe, disciplina y perseverancia, podrán salir adelante”.

A través de su fe cristiana, Olivas ha encontrado fortaleza para enfrentar los retos del exilio. Su comunidad religiosa en Virginia le ha brindado apoyo espiritual y emocional, y él mismo ha buscado formas de servir y dar testimonio de su experiencia. 

“Le he preguntado a Dios cuál es mi propósito aquí, y siento que parte de mi misión es seguir adelante con mis estudios y construir una vida que me permita ayudar a otros”, señala.

Mirando al futuro

Aunque Olivas sueña con regresar a Nicaragua, sabe que ese momento solo será posible cuando existan condiciones democráticas y seguras en su país. Por ahora, su enfoque está en aprovechar las oportunidades que le ofrece su vida en Estados Unidos y en alcanzar las metas que se ha propuesto.

“Quiero experimentar mi vida aquí y cumplir mis objetivos. Cuando llegue el momento adecuado, y cuando Nicaragua sea un lugar seguro, estaré listo para regresar y contribuir a su reconstrucción”, afirma.

Olivas también tiene claro que la educación es una herramienta clave para lograr ese objetivo. Por ello, su reciente inscripción en el college local representa no solo un avance en su vida personal, sino también una inversión en el futuro de su país. 

“La educación me permitirá servir mejor a mi comunidad, tanto aquí como en Nicaragua”, considera.

En Olivas, se refleja no solo la lucha de un individuo, sino también la de toda una generación que se niega a rendirse y que continúa soñando con una Nicaragua libre y democrática.

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Gabriela Morales