¿Dónde está mi título?
En un mundo ideal la obtención de mi título universitario al concluir mis estudios, sería el logro de años de trabajo y esfuerzo. Como tantos otros, sin embargo, este sueño y este tiempo de celebración se me está negando a mí y a tantos otros por decisiones con base político-partidaria que dejan una mancha en el proceso educativo, además de dolor y negación del resultado que tanto nos ha costado ganar; estas son acciones injustas del régimen dictatorial Ortega Murillo.
En los siguientes párrafos, compartiré con ustedes mi experiencia personal y mi protesta contra estas acciones que me perjudican a mí, como estudiante, y a tantos otros en mis circunstancias, que están luchando por sus derechos estudiantiles y libertad académica. Entiéndase por libertad académica el hecho de poder decidir nosotros mismo donde y que estudiar, esa misma libertad que fue robada el siete de marzo del año 2023 con el arrebato injusto de mi alma mater, con estas acciones represivas del gobierno no solo se me niega el derecho a estudiar sino que también me impide terminar con normalidad mi carrera, en la cual empeñe todo mi esfuerzo, dinero, trabajo, amor a mi formación y años de estudios, demás cosas que como estudiantes pasamos para poder finalizar nuestras carreras y tener nuestros títulos que habilite como profesionales en nuestras áreas.
Soy una persona muy responsable con mi formación académica, por ende en este año 2024 tenía que haber empezado mi maestría, como continuidad de mis estudios, pero desde hace demasiado tiempo, he estado esperando la entrega de mi título universitario por parte de la ‘’universidad’’ impuesta por el mismo régimen, título que ha sido ganado con el cumplimiento de los años de estudios y pago de las tasas del trámite correspondiente. El título que me acredita como licenciado es un documento que representa no solo mi logro académico, sino también mi entrada al mundo profesional, continuidad formativa y mi capacidad para contribuir a la sociedad. Sin embargo, este derecho me ha sido negado, no por falta de mérito, sino por decisiones motivadas por intereses políticos partidarios.
Esta larga travesía ha sido más difícil que la propia carrera, producto de la politización de las instituciones educativas ha generado un ambiente en el que, la objetividad y la imparcialidad, son sacrificadas por la agenda política de la dictadura. Las violaciones a mis derechos y prohibición de tener el título que me he ganado, es solo solo un ejemplo de cómo estas prácticas nefastas afectan a los estudiantes. Como profesional me siento preso en mi propio país, como muchos otros estudiantes nicaragüenses, nos vemos atrapados en una red de burocracia corrupta, donde nuestro futuro se ve comprometido por decisiones que no tienen en cuenta nuestro esfuerzo ni nuestro mérito, donde vemos como nuestro sacrificio es obviado y reprochado por el sistema político.
Esta injusticia no solo me afecta a nivel personal y profesional, sino que también tiene consecuencias más amplias para la sociedad; como estudiante me siento inseguro y con temor de llegar a las instalaciones de estas ‘’universidades’’ impuestas por el gobierno. Cuando las instituciones educativas se convierten en instrumentos de manipulación política, se erosiona la confianza en el sistema educativo en su conjunto. Yo he perdido la fe en la meritocracia y la justicia universitaria debido a todos los actos represivos que he vivido desde el momento que la universidad donde estudiaba fue arrebatada injustamente; sumado a esto, la sociedad pierde la oportunidad de beneficiarse del talento y la dedicación de quienes han dedicado años a su formación.
Es muy importante manifestar el impacto emocional y psicológico que esta situación ha tenido en mí y en otros estudiantes, es necesario tener presente los efectos negativos a largo plazo, que ocasionan estos actos arbitrarios de parte del régimen y preguntarnos, ¿Cómo podría influir nuestra perspectiva sobre la política, la justicia y la sociedad en el futuro?, estoy experimentando una sensación de estar atrapado y sin libertad, así es como me siento en Nicaragua, pero a pesar de todas las adversidades, continúo luchando por obtener mi título, aunque en muchas ocasiones siento que ya no puedo más. He emprendido acciones de solicitud formales en todos los niveles y busco soluciones para abordar esta situación, sin embargo, esto no debería estar pasando con ningún estudiante que haya trabajado y estudiado para obtener un título por el cual ha dado su ser, como para que a este nivel le nieguen lo que por derecho le corresponde.
En definitiva, mi espera prolongada y frustrante, es más que una mera demora administrativa, es politico-partidaria y con estas acciones arbitrarias demuestran la sed de venganza del régimen Ortega-Murillo contra los universitarios opositores a su dictadura; también es un símbolo de un sistema educativo que ha perdido su rumbo y ha olvidado su propósito fundamental educar y capacitar a las generaciones futuras. Mi protesta no es solo por mí, sino por todos los estudiantes que han sido afectados por la dictadura con sus acciones en contra de la educación.
Exhorto a que se respeten mis derechos de estudiante y como ciudadano, demando que se ponga fin a la interferencia política en las instituciones educativas y que se restaure la integridad académica. Así entonces podremos avanzar hacia un sistema educativo verdaderamente justo y equitativo, donde el mérito y el esfuerzo sean reconocidos y recompensados como deben ser. Mi pregunta final ¿Dónde está mi título? El título que por derecho me pertenece y que la dictadura me ha negado y hago hincapié en que tanto el título como la educación misma son la llave para un mejor bienestar a nivel personal y social.