Abril: Seis años de perseverancia, resistencia y esperanza.

En abril de 2018, la chispa que encendió la llama de la resistencia no violenta fue la reforma al sistema de seguridad social, pero en poco tiempo, la indignación pública se manifestó en protestas pacíficas iniciada por los universitarios, uniéndose enseguida la población en general. Protestas que rápidamente se convirtieron en un clamor más amplio por la justicia y la libertad.

La brutal represión del gobierno, la detención de manifestantes, la desaparición y asesinatos no hizo más que fortalecer la determinación del pueblo, que vio en la solidaridad una fuerza capaz de desafiar la tiranía. En este mes de abril conmemoramos un año más de lucha no violenta, una lucha incansable por el respeto a los derechos sociales, políticos, económico, y culturales. Sí, fue en abril cuando bastaron pocas horas para empezar a exigir, no solo el derecho a manifestarnos, sino el respeto a nuestras vidas pues el régimen ya había asesinado a varios estudiantes en pocas horas de haber iniciado las manifestaciones cívicas.

El despertar de la conciencia colectiva nos llevó a muchas pérdidas humanas, -pérdidas que me duelen en mi corazón de nicaragüense, y ratifico que, por la memoria de nuestros héroes, nuestra resiliencia y esperanza no han flaqueado. En estas líneas quiero manifestar también que, a seis años de lucha nuestra perseverancia y resistencia, nuestra valentía y la de quines se han opuesto a la opresión y han luchado por un futuro más brillante para nuestra nación, siguen vivas y así seguirán hasta lograr la democratización de Nicaragua-.

Sumado a los asesinatos cometidos por la dictadura Ortega-Murillo a lo largo de estos seis años, la oposición nicaragüense ha sufrido de persecución, exilio y destierro, entre otras acciones represivas cometidas por la dictadura. Sin embargo, la memoria de los caídos y la injusticia impuesta, han servido como un recordatorio constante de la importancia de la lucha. Organizaciones como Iniciativa Puentes por los Estudiantes de Nicaragua (Ipen), entre otras que también se han convertido en símbolos de la resistencia, mantenienen viva la memoria de aquellos que han pagado el precio más alto por la libertad.

El exilio y el destierro han sido una realidad dolorosa para muchos nicaragüenses, incluidos activistas, religiosos y líderes de la oposición. Pero desde el extranjero, continúan en la lucha abogando por la democracia y el respeto de los derechos humanos, utilizando su voz para mantener la atención internacional en la crisis de nuestro país. A pesar de las muchas barreras, entre ellas el idioma y la distancia, no ha disminuido el compromiso patriótico por ver una Nicaragua en democracia, esto hace que la llama de la esperanza encendida en abril del 2018, aun siga viva en esta lucha cívica por nuestra libertad.

A pesar de la represión, asesinatos, destierros, la censura y el exilio, la oposición sigue siendo un faro de esperanza para un futuro en el que la libertad y la justicia prevalezcan.

Esta lucha nuestra, dentro y fuera de Nicaragua ha dejado una profunda huella en la sociedad, en la vida de cada universitario y en la vida de la mayoría de los nicaragüenses. Las violaciones de nuestros derechos llegan a tal nivel que hasta los expertos internacionales en derechos humanos lo han calificado como algo inaceptable, incluso, un informe de expertos en derechos humanos de la ONU manifiesta que la dictadura nicaragüense ha perpetrado violaciones sistemáticas de derechos humanos, equivalentes a crímenes contra la humanidad; estos actos han afectado la libertad y los derecho de millones de civiles, centenares de estudiantes, e incluso, en esta larga lista hay niños que muerieron por querer libertad.

La dictadura con el objetivo de silenciar a la oposición, busca desmantelar los esfuerzos activos de la oposición, pero también, eliminar todas las voces críticas y disuadir, a largo plazo, cualquier nueva organización o iniciativa de movilización social. Quienes estamos dentro de Nicaragua, estamos atrapados en un estado de violencia marcada por la persecución de todas las formas de oposición que se resiste a vivir en dictadura. Esta persecución se extiende más allá de las tierras de nuestra sufrida patria, mis hermanos en el extranjero enfrentan el destierro, sin embargo; -mantengo la llama de la esperanza de que un día volverán a su patria de donde nunca debieron ser desterrados por reclamar sus derechos-.

En definitiva, la oposición en Nicaragua hemos tenido represalias profundas y duraderas, así como daños a la democracia y los derechos fundamentales, pero a pesar de los desafíos, la esperanza y la resistencia persisten en la búsqueda de un futuro más justo y libre para el pueblo nicaragüense, nuestra lucha sigue viva, seguimos luchando porque ‘’ERAN ESTUDIANTES, NO ERAN DELICUENTES’’. Seis años de lucha han demostrado que el espíritu del anhelo democrático de Nicaragua no puede ser sofocado. A pesar de la represión, asesinatos, destierros, la censura y el exilio, la oposición sigue siendo un faro de esperanza para un futuro en el que la libertad y la justicia prevalezcan.

Mirando hacia adelante, la oposición nicaragüense se enfrenta a un camino lleno de incertidumbre, pero también de posibilidades, la lucha por la democracia es larga y ardua, pero la historia ha demostrado que la perseverancia y la unidad pueden superar incluso los obstáculos más grandes. La lucha continúa, y con ella, la promesa de un mañana más justo para todos los nicaragüenses.

‘’Mi patria me duele en abril’’

M.J García

Estudiante nicaragüense de Ciencias Políticas.

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